Solo digo dos palabras: Alicante / Flamingo

Quienes sean convecinos míos, y me vienen a la cabeza varios nombres (Sandra, Lydia, Jose Luis, Ynmaculada, mi madre…), seguro que habrán sintetizado en su cabeza una imagen y un nombre, unido a una inocente sonrisa y quizá alguna acelaración  del corazón:

ALICANTE+FLAMINGO=PATATAS STROGONOFF

No voy a dar más explicación acerca de esta ecuación; en internet he descubierto que hay muchísima información al respecto. Simplemente digo que las Patatas Strogonoff es uno de esos platos supuestamente tontos de tan fáciles de hacer, pero que seducen por su sabor, y también por su poder evocador. Yo lo tengo en mi memoria en el mismo hueco que el sabor de la antigua Pantera Rosa (la de ahora no sabe igual).

Patatas Strogonoff

RECETA PARA 2 PERSONAS

  • 2 patatas de carne amarillas (resultan más crujientes y firmes)
  • 200 grs de carne picada
  • 200 ml de nata para cocinar 0 300 ml de leche evaporada
  • 1 cucharada de coñac o de whisky
  • 1/2 cucharada de salsa inglesa (Lea&Perrins)
  • 1 nuez de mantequilla (¡no de margarina!)
  • Sal, pimienta y nuez moscada

Pelamos, cortamos y freímos las patatas de manera que queden como más nos gusten. Si tengo tiempo, lo que yo hago es dejar las patatas cortadas en un cuenco con agua fría durante no menos de 15 minutos para que suelten parte de su almidón, luego las seco con un paño de cocina y les hago una doble fritura o fritura francesa (primero se fríen a temperatura no muy alta y se retiran antes de que tomen color, se dejan enfríar un par de horas y finalmente se fríen en aceite muy caliente).

En una sartén o en una cacerola baja derretimos la mantequilla, sofreímos la carne picada, la sazonamos (después de sofrita, nunca antes) con el resto de ingredientes sólidos y líquidos y dejamos que la salsa reduzca y quede cremosa. Cuando esté hecha, vertemos la salsa Strogonoff sobre las patatas fritas que habremos tenido desgrasándose en un plato sobre papel de cocina (ya lo habremos retirado, claro).

Como se ve, esta receta es de todo menos mediterránea, dietética ni saludable. Pero como digo a menudo, la salud a veces consiste también en darse placeres prohibidos.

Ah. También para los alicantinos, les dejo aquí esta foto. Ya sabrán por qué lo hago.

Nevada Aitana abril 2013

Esto es pura pornografía gastronómica

Lo sé, lo admito, lo reconozco. Me he pasado cuarenta pueblos con este postre que hice anoche. Pero lo culpa no es mía. La culpa es de Cristina Galiano que publicó la receta de un delicioso pastel de naranja y no pude resistirme (nadie me gana en poner excusas y escurrir el bulto).

Bizcocho con natillas

Como se ve, este abuso de calorías, esta orgía de azúcar y cosas que no debería ni oler de lejos (y menos en las cantidades indecentes que hice anoche) no es más que un plato de natilla en el que nada cómodamente una porción del bizcocho de naranja. Omito los gemidos de placer que salía de mi boca. Y tambié omito el sentimiento de culpa que me corroe hoy. Eppur si muove.

El placer de las cosas sencillas

Una de las cosas más simples y que más satisfacción me producen es desayunar fuera de casa, en cualquier cafetería. Para esto no necesito ni oropeles ni decoraciones exquisitas. Me basta con un velador de melamina, una tostada con aceite y tomate y un café con leche, por supuesto en vaso de cristal.

Desayuno sencillo

Ole y olé

Hoy como en casa de mi madre. Y es que es una artista. ¡Vaya pedazo de arroz al horno que me ha hecho! Con su patata y su tomate a rodajas, con su morcilla de cebolla y su blanquito, con sus garbanzos… por supuesto, hecho con caldo y mollas de un cocido.


No sé hasta qué punto esto ayudará en una dieta. Pero también es importante tener contenta el alma.

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