En una comida, dos sorpresas

Hoy he continuado con mi plan del Menú semanal. Casi me sorprendo a mí mismo por la constancia con la que estoy siguiéndolo. Lo digo por mí, no por la dificultad de seguir esta planificación, ya que resulta enormemente práctica y facilita mucho la vida.

Hoy he preparado una ensalada en la que predominaba el elemento “crujiente”. Y aquí llega la primera sorpresa. La ensalada de hoy la he preparado con canónigos, zanahoria rallada, rabanitos y… tirabeques.

Ensalada y pollo al curry

Los tirabeques, o pisaltos, los probé el año pasado y me parecieron deliciosos. Se trata de una vaina de temporada, del mismo género que los guisantes, pero con una semilla tan fina que lo que interesa culinariamente es precisamente su vaina. Tiene un sabor muy agradable, mucho más suave y dulzón que el de las judías planas. Para conservar este sabor, así como sus nutrientes, se aconseja darle una cocción breve o poco agresiva; yo los he hecho en el microondas durante solo 2 minutos (a 800 W), con lo que han quedado con una textura aún crujiente, pero no tanto como si estuvieran crudos. Otra manera de prepararlos es con un rápido salteado, acompañados de otros productos de sabor suave para que no se impongan al de esta hortaliza.

La comida de hoy se ha completado con pollo y arroz integral al curry, y un plátano de postre. Como se puede apreciar en la imagen, el tuper que compré para Reyes me ha venido muy bien a la hora de poner en práctica un consejo para los que buscamos que nuestra alimentación sea más saludable de lo que era:

Que lo que viene siendo tu plato principal se convierta en tu guarnición, y lo que era tu guarnición sea tu plato principal.

Por supuesto, este consejo no funciona para aquellos cuya guarnición consistía en patatas fritas. De lo que se trata es de seguir la pirámide de la alimentación mediterránea, que dicta que la mayor cantidad de nutrientes diarios deben proceder de verduras y hortalizas. Las frutas quedan un poco reducidas si queremos perder peso, debido a su alto contenido en azúcar.

Para terminar, llega la segunda sorpresa. Creo que ya he dicho en alguna ocasión que trabajo en una escuela de español para extranjeros. Y que a diario como allí; es decir, en la sala de profesores. Pues hoy he encontrado sobre la mesa unas cajas con unos dulces rusos que nos ha regalado una alumna de Moscú que viene varias veces al año a estudiar con nosotros. En concreto los dulces de la imagen son unas grosellas naturales enteras glaseadas y cubiertas con una espesa capa de azúcar impalpable y algo que me recuerda al “pica-pica” de fresa ácida. ¡Uhm!, no he podido resistir la tentación y han sucumbido más de una de estas bolitas. Deliciosas.

Bolas de grosella glaseadas

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