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Cuando los osos emergen de su cueva, todavía amodorrados tras la larga hibernación, en el exterior el mundo es otro. En la vida son necesarios periodos de descanso, paréntesis en los que meditar y revisar las costumbres, los hábitos que uno lleva a cuestas sin pensar.

calpurniaHoy he terminado de leer uno de los libros más amables que recuerdo, The Evolution of Calpurnia Tate de Jacqueline Kelly. Se trata de una de esas obras que lo reconcilian a uno con la humanidad. Quizá no pase a la historia como la mayor de las obras de la literatura; ¿y qué más da? Pasará a formar parte de mi historia.

El hecho novedoso en sí no es que haya leído esta novela. Sino que haya leído. No hace ni un mes reflexionaba en voz alta sobre el hecho incontestable de que yo tengo una licenciatura universitaria, que tuve grandes inquietudes culturales e intelectuales, que era mentalmente activo y despierto (no puedo decir que extremadamente inteligente, porque uno es consciente de sus carencias). Sin embargo, llevaba años como aturullado. Me daba cuenta daba cuenta de que no conseguía, pese a que en algunos momentos encontraba fuerzas para intentarlo, concentrarme. Llevaba años sin poder ponerme a leer un libro y no sucumbir mil veces a cualquier distracción. No era capaz de seguir el hilo de una conversación o de un razonamiento sin perderme varias veces en sus marasmos. No conseguía recordar las cosas que me decían, apenas dos minutos antes. En el último mes he leído 3 libros ya.

Por fortuna fui consciente de este caótico estado de mi situación, y acudí al médico. Me sorprendió, debo decir, el inusual interés que mostró ante mis explicaciones, y más me sorprendió que me remitiera a un especialista en lugar de dedicarse, como es habitual en él, a quitarle toda importancia a los síntomas que yo le he expuesto las escasísimas veces que acudo allí. Visité al especialista prescrito, se me hicieron pruebas y análisis y el diagnóstico fue, más que negativo, consolador, pues ponía nombre a una situación y por fin alguien me decía que no eran fantasías:

Síndrome de apena oclusiva del sueño, posiblemente producida por obesidad.

La apenea del sueño provoca que el flujo de oxígeno, durante las horas del sueño, se vea interrumpido varias veces a lo largo de la noche. De este modo, el sueño no es reparador, lo que afecta negativamente al rendimiento de la vigilia. Es más, podría incluso afectar a las funciones neurológicas, aunque los análisis de recuento de gases en sangre en mi caso dijeron que no era así.

Masque-Nasal-Pour-CPAP-modele-Mirage-FX-de-Resmed-orthodontiste-chamberland-QuebecEl tratamiento para la apnea es el uso constante e indefinido de un CEPAP nasal (dispositivo de presión positiva continua en las vías respiratorias). Y puedo decir que me está cambiando la vida. Comencé a notar mejoría desde la primera noche que pasé con esa mascarilla insuflándome aire a la nariz. Es cierto que me ha llevado mi tiempo adaptarme; no puedo decir que me acostara sin ansiedad hasta pasados más de quince días. Pero ahora duermo tan bien… descanso tanto… me relajo tan profundamente…

Me siento como si me hubiera despertado de un largo y extraño sueño y ahora todo en el mundo fuera nuevo. Me siento fuerte, me siento enérgico y con ganas. Me siento de nuevo, despierto, ávido de conocer, de leer. Me siento que otra vez soy yo, o algo parecido a lo que era.

Gracias, además, a la constancia y al apoyo de mi pareja, que también está realizando un esfuerzo enorme en otras cosas, veo que puedo conseguir lo que me proponga. Así que ahora, a remotar con ánimos el camino que empecé con este blog: a vencer al demonio de mi sobrepeso.

Visto el éxito de mi consulta médica sobre el sueño, ahora me planteo exponerle una nueva idea absurda: ¿cabría la posibilidad de que tenga tantas dificultades para perder peso porque padezo algún tipo de adicción a la comida? Es cuestión de planteárselo.

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Enlace: La dieta del aburrimiento

Sigo vivo y sigo por aquí. Lo que sucede es que atravieso una etapa de sequía imaginativa, que no de desmotivación, sino todo lo contrario. Continúo con el método Weight Watchers y bajando kilos a un ritmo moderado, que es como debe ser.

Hoy quiero compartir y hacer referencia a una entrada del blog Gastronomía y Cía. Básicamente viene a decir que la mayoría de dietas de adelgazamiento adolecen de falta de variedad y que muchas fracasan porque quienes que la siguen terminan sucumbiendo al aburrimiento. Contra ello: dieta mediterránea.

alimentos

No han sido mis últimas semanas muy fructíferas en nuevas recetas. He preferido ir a lo seguro y conocido antes que innovar. Quizá lo más nuevo es el descubrimiento de lo riquísimo que está el cuscús con hervido de verduras; y si se elaboran, tanto el cuscús como el hervido, con un caldo de verduras que tengamos preparado, mucho mejor y más sabroso.

Hace un par de días preparé un pastel de queso. Sin embargo, estando como estaba delicioso, tengo que perfeccionarlo y ver el modo de elaborarlo sin esa contundente base de galleta. Cuando tenga la información la pondré por aquí.

Por qué no pierdo peso

El pensabundoAl cabo de varios meses sigo estando gordo seboso. Es más, después de una temporada allá por febrero, debido a varios motivo que he medio mencionado ya, en lugar de perder peso, fui recuperando lo poco que había conseguido perder. A este post lo iba a titular «Por qué no consigo perder peso» pero me sobraba el verbo conseguir porque conozco perfectamente la razón de no conseguirlo.

En primer lugar, repito que YO NO ESTOY A DIETA. No quiero estar a dieta ni quiero vivr ni un día más bajo la esclavitud de una dieta. Sin embargo, tampoco quiero seguir viviendo bajo la esclavitud de 40 kilos de grasa abyecta que me sobran. Quiero tener un cuerpo normal, entedido como un cuerpo si bien no atractivo, tampoco repulsivo de ver, entendido como un cuerpo que no produzca por el hecho de existir dolor en las rodillas. Capisci?

Alguien me pregunta -me da la impresión que con un poquito de mala hostia- que cómo es que no adelgazo si “como tan sano”. Y bien, sí, como sano… cuando me ven. Pero lo que no ven es cuando estoy solo y no tengo ganas de complicarme un poquito la vida. La dieta mediterránea bien entendida y bien llevada a cabo sigue siendo mi norte y lo único que me ha convencido ahora mismo de ser lo correcto.

Así que ¿por qué no pierdo peso? Pues porque tengo muy floja la motivación que hace falta para seguir un hábito de vida distinto al que mi cuerpo está acostumbrado. Porque es muy fácil caer en la tentación con mayor frecuencia de la deseable. Porque cuando fui a “clínicas dietéticas” (espero que lo fueran), estaba bien que me dijeran lo que no debía comer, pero eché de menos apoyo psicológico para vencer la desmotivación.

Resumen de la semana en imágenes

Semana difícil

Mi objetivo y mi sueño

MurakamiParece que mi cabeza vuelve por lo mismo. Y me acuerdo de cuando hacía deporte asiduamente, cuando me calzaba las deportivas y no me importaba invertir tiempo en correr. Me cuesta explicar el placer que me producía correr, sobre todo a quien dice que no le gusta. Recientemente le he tomado prestadas las palabras a Haruki Murakami, quien lo explicó de manera magistral en su libro De qué hablo cuando hablo de correr.

En el año 1997, cuando me encontraba en el cenit de mi actividad física, llegaba a correr 9 kilómetros en 1 hora. Y me sentía muy bien.

Parece que la casualidad, la coincidencia o mi propia receptividad (porque no creo en fuerzas externas a uno mismo y menos en sobrenaturales), me estén eviando ahora señales. Y creo que sé cómo interpretarlas. Hoy he encontrado en la cuenta en FB de Decathlon un artículo sobre la manera correcta de correr. Y me ha venido la nostalgia. Y de repente he tomado la firme decisión de que debo volver a hacer lo que tanto me gusta. En cuanto baje de peso, porque ahora me destrozaría las rodillas.

Ese es mi objetivo a medio plazo: correr.

Porque no todo es comer menos

Ensalada de veranoAquí dejo el enlace para descargar un documento de 4 páginas de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad donde se dan pautas razonadas sobre cómo se debe afrontar una dieta para bajar de peso. En principio está orientada a pacientes con diabetes, pero no hemos de olvidar que los obesos somos candidatos firmes a padecer esta y otras enfermedades. Así que los consejos son válidos, y van en la línea de lo que yo voy recopilando aquí, pero todos juntos y razonados.

El documento se titula Imagínese delgado.

¿Será una rendición?

Será que flaqueo cuando me miro en el espejo y no veo ningún cambio. Y eso que lo interiorizo y me digo que lo sé, que esto es lento, que soy un demente si espero que en tan poco tiempo haya mejoras. Pero es tan descorazonador no ver ningún resultado.

Encima el invierno se pone en contra mía. Me pongo la ropa del año pasado y no me entra. Y tengo que salir a la calle sintiendo que voy incómodo o que hago el ridículo. ¿Pero qué otra cosa puedo hacer? Ir desnudo no es opción.

Así que necesito refuerzos positivos. Necesito ánimos. Necesito empujones. Y yo mismo me los doy, cuando no flaqueo.

El círculo siniestro

Hacer firme propósito de comenzar algo que resultará positivo para uno mismo es relativamente sencillo. El hecho de proponérselo es muy fácil; lo complicado es llevarlo a cabo. Dentro de un mes hará 3 años que dejé de fumar. Era mi tercer intento serio de dejar el tabaco, y la dificultad siempre era la misma: la ansiedad que producía la simple idea de que dejar de fumar iba a ser para siempre. Oh, esa locución qué miedo me daba. Hasta que en un momento, algo reaccionó en mi cabeza y lo vi de otro modo: no será para siempre, sino para lo máximo que pueda durar; que si es hasta el último de los días, mejor. Y así, de pronto, la presión desapareció.

Con el empeño por bajar de peso, por llevar una vida saludable,  sucede algo parecido. Lo fácil, lo espectacular es recurrir a un remedio rápido, instantáneo, que dará sus frutos en el corto plazo y que no nos obliga más que durante un tiempo. Es como liarse con alguien sabiendo que la historia se acabará cuando terminen las vacaciones de verano. Yo también he caído muchas veces en esa trampa, sin darme cuenta de que los brillos de la dieta milagrosa dejan de refulgir en cuanto que pasa un tiempo y se enrobinan. Aún no he encontrado esa reflexión tranquilizadora que me quite la presión de pensar que el llevar un vida sana es algo que debe empezar hoy pero que es para siempre.

Además, en el momento en que uno se encuentra en esta situación -sin mediar problemas de salud previos, claro está- lo más probable es que un día nos detengamos y nos demos cuenta de que la ropa nos queda estrecha, que el aliento nos falta al subir una escalera o vete a saber qué más. Y es probable que no sepamos desde qué momento estamos ahí. Le podemos echar la culpa a la genética, a haber dejado de fumar, a aquella depresión porque nos dejó tal o cuál pareja: EXCUSAS, EXCUSAS, EXCUSAS. Quien piensa de este modo, se mete de cabeza en lo que yo llamo «El círculo siniestro».

Estoy gordo. Como estoy gordo, me siento frustrado. La frustración me lleva al desánimo. El desánimo y la falta de confianza me hacen refugiarme en la indiferencia. La indiferencia me da rienda suelta a autocastigarme con comida rica y tranquilizadora. La comida me hace engordar.

¿Se ve el círculo? Quizá es muy detallado, pero creo que es válido para representar lo que nos sucede a muchos. ¿A cuántas personas (yo el primero) no habré escuchado quejarse del mundo y de la vida por el hecho de que uno está gordo? Llevas adelante una dieta, que te hace perder unos kilos y cuando ya lo has conseguido, para celebrarlo vuelves a los hábitos de antes de hacer la dieta… y encima te quejas de lo injusta que fue contigo la naturaleza.

La cuestión ahora es saber por dónde hay que romper este círculo. Porque lo que tengo claro es que la solución es reventarlo por alguno de sus puntos. De otro modo, se repetirá una y otra vez con las mismas consecuencias. Incluso peores, porque el factor “engordar” cada vez será más grave.

Así que hay que decir y digo yo bien alto «¡AQUÍ ME PLANTO!», y a ver qué pasa.

Pereza

Pues empezamos bien. Hoy tendría que haber salido a andar a paso ligero -como si fuera con prisa pero sin querer que nadie se dé cuenta- y así quemar mi ración diaria de calorías. Pero está lloviendo en Alicante. De hecho, apenas ha dejado de llover desde ayer; y lo que queda.

Sé que no es excusa, que la lluvia no mata a nadie. Pero aparte de que estoy algo resfriado, es que me da pereza. Y este bicho, el de la pereza, va a ser uno de los más duros contra los que voy a tener que bregar. Porque lo que está claro es que si uno llega al extremo de pesar lo que peso yo, no habiendo de por medio razones médicas para ello, es por pereza y por desidia. No voy a buscar excusas porque no las hay.

Ahora ya sí que no voy a poder salir, pues entro a trabajr a las 12 -dentro de una hora y media- y antes tengo cosas que hacer y que preparar. Pero mañana, aunque truene…

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