El círculo siniestro

Hacer firme propósito de comenzar algo que resultará positivo para uno mismo es relativamente sencillo. El hecho de proponérselo es muy fácil; lo complicado es llevarlo a cabo. Dentro de un mes hará 3 años que dejé de fumar. Era mi tercer intento serio de dejar el tabaco, y la dificultad siempre era la misma: la ansiedad que producía la simple idea de que dejar de fumar iba a ser para siempre. Oh, esa locución qué miedo me daba. Hasta que en un momento, algo reaccionó en mi cabeza y lo vi de otro modo: no será para siempre, sino para lo máximo que pueda durar; que si es hasta el último de los días, mejor. Y así, de pronto, la presión desapareció.

Con el empeño por bajar de peso, por llevar una vida saludable,  sucede algo parecido. Lo fácil, lo espectacular es recurrir a un remedio rápido, instantáneo, que dará sus frutos en el corto plazo y que no nos obliga más que durante un tiempo. Es como liarse con alguien sabiendo que la historia se acabará cuando terminen las vacaciones de verano. Yo también he caído muchas veces en esa trampa, sin darme cuenta de que los brillos de la dieta milagrosa dejan de refulgir en cuanto que pasa un tiempo y se enrobinan. Aún no he encontrado esa reflexión tranquilizadora que me quite la presión de pensar que el llevar un vida sana es algo que debe empezar hoy pero que es para siempre.

Además, en el momento en que uno se encuentra en esta situación -sin mediar problemas de salud previos, claro está- lo más probable es que un día nos detengamos y nos demos cuenta de que la ropa nos queda estrecha, que el aliento nos falta al subir una escalera o vete a saber qué más. Y es probable que no sepamos desde qué momento estamos ahí. Le podemos echar la culpa a la genética, a haber dejado de fumar, a aquella depresión porque nos dejó tal o cuál pareja: EXCUSAS, EXCUSAS, EXCUSAS. Quien piensa de este modo, se mete de cabeza en lo que yo llamo «El círculo siniestro».

Estoy gordo. Como estoy gordo, me siento frustrado. La frustración me lleva al desánimo. El desánimo y la falta de confianza me hacen refugiarme en la indiferencia. La indiferencia me da rienda suelta a autocastigarme con comida rica y tranquilizadora. La comida me hace engordar.

¿Se ve el círculo? Quizá es muy detallado, pero creo que es válido para representar lo que nos sucede a muchos. ¿A cuántas personas (yo el primero) no habré escuchado quejarse del mundo y de la vida por el hecho de que uno está gordo? Llevas adelante una dieta, que te hace perder unos kilos y cuando ya lo has conseguido, para celebrarlo vuelves a los hábitos de antes de hacer la dieta… y encima te quejas de lo injusta que fue contigo la naturaleza.

La cuestión ahora es saber por dónde hay que romper este círculo. Porque lo que tengo claro es que la solución es reventarlo por alguno de sus puntos. De otro modo, se repetirá una y otra vez con las mismas consecuencias. Incluso peores, porque el factor “engordar” cada vez será más grave.

Así que hay que decir y digo yo bien alto «¡AQUÍ ME PLANTO!», y a ver qué pasa.

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Acerca de Óscar Navarro
Nacido en Alicante en 1971. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Alicante. Me dedico profesionalmente a la enseñanza de español a extranjeros. Aún sigo siendo casi inédito.

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